jueves, 23 de abril de 2009

Las Afirmaciones y el Camino (III)


Ya hemos visto cuáles son las afirmaciones o principios Reiki que debemos honrar e intentar seguir cada día de nuestras vidas. No se necesita estar iniciado en Reiki para comprometerse con ellos, pues su lógica humana es irrebatible. Conviértanlos en parte de sus vidas, inherentes a ellas, y recibirán a cambio un bienestar incomparable. Unicamente hay que abrir el corazón y la mente al gran cambio existencial que supone subrayar nuestra existencia con la ayuda a los demás y con nuestro crecimiento espiritual. Hay que permitir que la Luz nos llene y colme de gozo.

Junto con las afirmaciones coexisten otros principios y valores a tener muy presentes en nuestro camino personal reikiano: Amor, Respeto y Responsabilidad. Los tres pilares que han de alumbrar nuestros pasos.
Amor por los demás, por uno mismo, por las cosas y, sobre todo, por los seres vivos, cualesquiera que estos puedan ser. No podemos infligir daño sobre nada ni nadie sin que ello se acabe volviendo contra nosotros mismos. Provocar gratuitamente el sufrimiento y el dolor –y no digamos ya la muerte-, incluso sobre el más pequeño de los insectos, acarrea unas consecuencias nada desdeñables. Los verdaderos budistas, por ejemplo, al comenzar el día piden perdón por aquellos insectos que, inadvertidamente, puedan pisar. No es el hecho en sí, sino la voluntad que se ponga en su consecución lo que marca la diferencia en nuestros actos.

La infame costumbre de torturar a los animales que se practica de modo natural en ciertos países, tanto como diversión como para “satisfacción gourmet” –en Occidente, sobre todo en España y Francia-, suma en nuestra cuenta de débitos más y más karma (tanto personal como de país), del que no nos desprenderemos sino a través de un enorme sufrimiento y aprendizaje.
No podemos ni debemos quitarle gratuitamente la vida a ningún ser vivo. Carecemos por completo de tal derecho. ¿Por qué matamos continuamente cada vez que sentimos miedo? ¿Por qué la respuesta ha de ser casi siempre la violencia y la muerte?

Decía Sidharta Gautama, el Buda Histórico:


Cuando alguien equivocadamente persigue sólo lo que es placentero, evitando la verdadera senda, olvidando el verdadero propósito, atado a los sentidos, cuando alguien ve a otro en la verdadera senda, experimentará su pérdida y se sentirá pleno de reproches.

Evita atarte a lo que es agradable y a lo que es desagradable.
Perder lo agradable causa pesar.
Vivir con lo desagradable también causa pesar.
No te aferres a lo placentero.
Déjalo pasar, para que la separación no te disminuya.
El dolor brota del anhelo.

También decía que el camino para mejorar el hablar y actuar correctamente en nuestra vida mundana radicaba en los cinco preceptos siguientes:

Abstenerse de matar a cualquier criatura viviente
Abstenerse de robar
Abstenerse de llevar una conducta sexual reprobable
Abstenerse de dar falso testimonio
Abstenerse de embriagarse


Sin embargo, hoy en día, a todos se nos vienen a la cabeza innumerables ejemplos que servirían para ilustrar cómo estos preceptos se quebrantan continuamente, provocando el desequilibrio –a todos los niveles- a que somos conducidos. Ya no se practican las Ocho Grandes Verdades o Preceptos que Buda legó al mundo:
la Recta Palabra,
la Recta Acción,
la Recta Vida,
el Recto Pensamiento,
el Recto Esfuerzo,
la Recta Atención,
la Recta Concentración,
la Recta Comprensión.
Nos estamos alejando del camino del aprendizaje.
Porque esa es una de nuestras misiones en la Vida: aprender, mediante los actos, la observación y la reflexión. Constantemente. Aprender. De lo contrario, estaremos obligados a repetir el examen al que, siempre, nos acaba sometiendo el Destino.
Mientras que el reikiano debería tratar de adoptar en su vida algunos de los principios básicos de la existencia, los maestros –por ende- tendrían que mostrar los ejemplos que impulsaran a sus alumnos iniciados a conducir sus caminos en pos del Aprendizaje y de la Compasión.

No debemos pretender cambiar el mundo, ni siquiera anhelar tal circunstancia, pues sería autodestructivo. Nuestro esfuerzo, nuestra “recta acción” han de ir destinados a otra meta más alcanzable en cuanto que su consecución solamente dependerá de nosotros mismos. Estos son la verdadera Sabiduría y el recto Pensamiento.
La transformación del colectivo pasa, inexorablemente, por la transformación individual, por el cambio personal, por la decisión de retomar el camino correcto que sí nos lleva a favorecer por “simpatía” la duda en ese monstruo programado que se llama “inconsciente colectivo”. Allí dentro, en el fondo de su profundo abismo, residen las verdaderas posibilidades de todos y cada uno de sus componentes –nuestros semejantes-.
Tened Luz y Amor. Paz y Bien a Todos.

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